Cuando queremos hacer atractivo lo que no tiene visos de serlo, o ayudar a otro a pasar un mal trago, nos disponemos a "dorar la píldora", que es tanto como suavizar o quitar hierro a las cosas. Es expresión procedente del ámbito de la farmacia, en el que a menudo se impone paliar el mal sabor de algunos medicamentos para facilitar su ingestión.
No es frase exclusiva del castellano: en francés se dice dorer la pirule.