domingo, 18 de septiembre de 2022

La anáfora

 ¿Qué es la anáfora?

 Se denomina anáfora a una fígura retórica o figura literaria, que se emplea para otorgar al texto escrito una mayor belleza o mayor potencia expresiva, y que consiste en la repetición de una palabra o de varias, al principio de un enunciado o de un verso.

Utilizar la anáfora como recurso es un medio para componer bonitos poemas. Consiste en repetir la misma palabra al principio de cada verso. Podemos descubrir combinaciones creativas con verbos, adjetivos, preposiciones etc. 

Ejemplo:

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.

Miguel de Unamuno

ACTIVIDADES:
 
  • Construir un poema corto (4 o 5 versos) con un verbo (en cualquier tiempo o modo), o una preposición o una conjunción o un nombre, etc. 
  • Construir un poema en el que los tres primeros versos tienen que empezar con la misma palabra y se deja el último suelto para conseguir una ruptura estética de la sonoridad del poema.
  • Ídem pero el 2º y el 4º tienen que rimar.

lunes, 25 de abril de 2016

El camino

“El valle... Aquel valle significaba mucho para Daniel, el Mochuelo. Bien mirado, significaba todo para él. En el valle había nacido y, en once años, jamás franqueó la cadena de altas montañas que lo circuían. Ni experimentó la necesidad de hacerlo siquiera. 

A veces, Daniel, el Mochuelo, pensaba que su padre, y el cura, y el maestro, tenían razón, que su valle era como una gran olla independiente, absolutamente aislada del exterior. Y, sin embargo, no era así; el valle tenía su cordón umbilical, un doble cordón umbilical, mejor dicho, que lo vitalizaba al mismo tiempo que lo maleaba: la vía férrea y la carretera. Ambas vías atravesaban el valle de sur a norte, provenían de la parda y reseca llanura de Castilla y buscaban la llanura azul del mar. Constituían, pues, el enlace de dos inmensos mundos contrapuestos. 

En su trayecto por el valle, la vía, la carretera y el río -que se unía a ellas después de lanzarse en un frenesí de rápidos y torrentes desde lo alto del Pico Rando- se entrecruzaban una y mil veces, creando una inquieta topografía de puentes, túneles, pasos a nivel y viaductos. 

En primavera y verano, Roque, el Moñigo, y Daniel, el Mochuelo, solían sentarse, al caer la tarde, en cualquier leve prominencia y desde allí contemplaban, agobiados por una unción casi religiosa, la lánguida e ininterrumpida vitalidad del valle. La vía del tren y la carretera dibujaban, en la hondonada, violentos y frecuentes zigzags; a veces se buscaban, otras se repelían, pero siempre, en la perspectiva, eran como dos blancas estelas abiertas entre el verdor compacto de los prados y los maizales. En la distancia, los trenes, los automóviles y los blancos caseríos tomaban proporciones de diminutas figuras de «nacimiento» increíblemente lejanas y, al propio tiempo, incomprensiblemente próximas y manejables. En ocasiones se divisaban dos y tres trenes simultáneamente, cada cual con su negro penacho de humo colgado de la atmósfera, quebrando la hiriente uniformidad vegetal de la pradera. ¡Era gozoso ver surgir las locomotoras de las bocas de los túneles! Surgían como los grillos cuando el Moñigo o él orinaban, hasta anegarlas, en las huras del campo. Locomotora y grillo evidenciaban, al salir de sus agujeros, una misma expresión de jadeo, amedrentamiento y ahogo. 

Le gustaba al Mochuelo sentir sobre sí la quietud serena y reposada del valle, contemplar el conglomerado de prados, divididos en parcelas y salpicados de caseríos dispersos. Y, de vez en cuando, las manchas oscuras y espesas de los bosques de castaños o la tonalidad clara y mate de las aglomeraciones de eucaliptos. A lo lejos, por todas partes, las montañas, que, según la estación y el clima, alteraban su contextura, pasando de una extraña ingravidez vegetal a una solidez densa, mineral y plomiza en los días oscuros. 

Al Mochuelo le agradaba aquello más que nada, quizá, también, porque no conocía otra cosa. Le agradaba constatar el paralizado estupor de los campos y el verdor frenético del valle y las rachas de ruido y velocidad que la civilización enviaba de cuando en vez, con una exactitud casi cronométrica.
Muchas tardes, ante la inmovilidad y el silencio de la naturaleza, perdían el sentido del tiempo y la noche se les echaba encima. La bóveda del firmamento iba poblándose de estrellas y Roque, el Moñigo, se sobrecogía bajo una especie de pánico astral”.

Miguel Delibes (1950): El camino, Madrid, Real Academia Española-Alfaguara, 2014, pp. 22-24. 




 1. Ponle un título al texto.
2. De qué trata el texto.
3. ¿Qué le decían a Daniel acerca del valle? 
4. ¿Cómo era el valle realmente?
5. ¿Qué dibujaban la vía del tren y las carreteras?
6. ¿Qué le gustaba hacer a Daniel?
7 .¿ Qué le pasaba muchas tardes, ante la inmovilidad y el silencio de la naturaleza?
8. ¿Quién fue Miguel Delibes? Pincha en su nombre y escribe lo que le dirías a un compañero de 3º acerca de este escritor.
9. Habiendo leído esta descripción de un valle, haz ahora tú otra descripción acerca del valle de Ponferrada.



lunes, 22 de febrero de 2016

DICHOS POPULARES X: A LA TERCERA VA LA VENCIDA

Es frase alusiva al hecho supuesto de que a la tercera tentativa se consigue lo que uno se proponía, en la creencia de que el tercer intento es el definitivo. Es frase de origen clasico, relacionada con la lucha grecorromana o el pancracio, donde vencía quien derribaba tres veces al contrario. También se empleó en la esgrima en relación con el rival que tras ser tocado o señalado tres veces ha de abandonar.

DICHOS POPULARES IX: SER UN MINDUNDI

Es insulto intercambiable con don nadie, cantamañanas o zascandil. Es voz alusiva al sujeto que a pesar de su mediocridad e irrelevancia osa darse importancia y sacar pecho. Llamamos "mindundi" al tipo ridículo que se comporta como si fuera alguien.

DICHOS POPULARES VIII: IRSE DE ROSITAS

Decimos que se va de rositas a quien por alguna circunstancia, o debido a influencia, prepotencia o enchufe no paga por sus delitos. Es expresión que interpretamos como "librarse alguien del castigo que le corresponde". Rosita fue antaño en Castilla y León nombre antonomástico de mujer delicada a la que hay que proteger, o doncella que en sus traslados de casa a misa o de misa al prado iba siempre custodiada por dos carabinas que la protegían de avances de moscones, es decir: de los ligones de antaño.

DICHOS POPULARES VII: "HACER NOVILLOS"

Se dice que los hace quien falta a clase o no se presenta en el lugar donde se supone debe estar, o donde se le espera: es tanto como hacer pellas. Creen algunos que se alude a los muchachos que, deseosos de ser toreros, se saltan las obligaciones escolares y acuden a los tentaderos o se introducen furtivamente en las dehesas donde pastan las reses bravas para practicar con ellas.

DICHOS POPULARES VI: "DORAR LA PÍLDORA"

Cuando queremos hacer atractivo lo que no tiene visos de serlo, o ayudar a otro a pasar un mal trago, nos disponemos a "dorar la píldora", que es tanto como suavizar o quitar hierro a las cosas. Es expresión procedente del ámbito de la farmacia, en el que a menudo se impone paliar el mal sabor de algunos medicamentos para facilitar su ingestión. 
No es frase exclusiva del castellano: en francés se dice dorer la pirule.